26-Sep-2017

26-Sep-2017

26-Sep-2017

25-Sep-2017

Please reload

Entradas recientes

Personales...

25-Sep-2017

1/1
Please reload

Entradas destacadas

"Creo que ayer tuve un ataque de pánico"

May 15, 2020

“Creo que ayer tuve ataque de pánico”, me dijo R a través de la pantalla. Pronto la imagen se volvió inestable, R sostenía el celular con una mano y se barría las lágrimas con la otra, apenas podía articular palabra. Cuando pudo serenarse, intentó detallarme los sucesos y arriesgar razones. Supe en ese momento, que una vez más, la cuarentena oficiaría como una suerte de chivo expiatorio, de coartada explicativa en favor de todos los malestares y trastornos que nos vienen ocurriendo por estos días. “Es culpa de la cuarentena de m…”, se quejó R.

 

Detrás de ella colgaba una inconfundible pintura de W. Turner, una réplica, estimo. Le pedí a R que girase, así podríamos apreciarla juntas. El óleo retrataba a un barco atravesando enormes y temibles olas en una noche de mar revuelto.

Imaginemos a un marinero raso de la tripulación, le dije a R. No es un buen momento para él ¿no?, no son las mejores circunstancias, digamos. Seguramente la oscuridad de la noche, la violencia de la tormenta y las olas lo estremecerían, le provocarían miedo, angustia, incertidumbre.

Pero... ¿sobre qué subjetividad se habrían montado esas emociones?, ¿cómo era ese muchacho antes de subirse al barco y enfrentar la travesía?, ¿era un joven predominantemente miedoso, ansioso, furibundo, melancólico?, ¿estaba atravesado por dudas e inquietudes que lo tenían a mal traer?

 

 

¿Cómo operaría entonces el acople de estas características previas con las circunstancias particulares de aquella tormenta en alta mar?

 

Resulta tan fundamental como saludable, que intentemos ponderar, en su justa medida, las emociones que vamos atravesando en este contexto de cuarentena, reconocer su procedencia, intentar distinguir si nuestras condiciones previas han sido exacerbadas, o quizá suspendidas o desplazadas.

 

La cuarentena puede inducir tanto a la potenciación de ciertos aspectos como a su negación o aplazamiento. Si contábamos, por ejemplo, con cierta vocación hipocondríaca, es posible que ahora la veamos exacerbada. Si debíamos tomar una decisión relevante, como por ejemplo la de un cambio de trabajo, y eso nos provocaba cierta angustia o ansiedad, es posible que operemos desplazando el abordaje, reservándolo para más adelante. Sin embargo, puede que esto no nos resulte tan fácil, ya que la ruptura de ese continuum implacable de actividades que protagonizábamos en la vida pre-cuarentena, nos abre ahora un paréntesis ineludible, una nueva dimensión de tiempo y espacio que nos expone a nosotros mismos, a las preguntas que normalmente evadiríamos o diluiríamos en la marejada de la modernidad líquida.

 

Un buen ejercicio para lograr algo de alivio consiste en intentar diferenciar (aunque no sean del todo diferenciables) aquello que resulta inherente a la cuarentena, es decir, que deriva exclusivamente de ella, de lo que es previo.

 

Por otro lado, es importante mantener un registro de los fenómenos que intuimos están resultando potenciados, y también de los tópicos que se nos aparecen con recurrencia, que nos interpelan habilitados por esta nueva temporalidad.

 

La tormenta, tarde o temprano, menguará, las aguas se calmarán y nosotros con ellas. Mientras tanto, deberemos ser compasivos con nosotros mismos, reconocer nuestras capacidades, y acudir a ayuda si es que nos sentimos desbordados.

 

 

Lic. Ivanna Y. Yildiz

MN. 64.256

 

Share on Facebook
Share on Twitter
Please reload

Please reload

Archivo